Hace no mucho el Institute for brain sciences de la Universidad de Duke en EEUU presentó un estudio en el que relacionaba la capacidad de los bebés para distinguir grupos de elementos grandes de grupos menos numerosos con el éxito que estos bebés tendrían a lo largo de su educación en el ámbito de las matemáticas.
Para probar la relación
entre ese sentido numérico primitivo y las habilidades matemáticas posteriores, Elizabeth Brannon, profesora de psicología y neurociencia y su colaborador Ariel Starr analizaron a 48 niños de seis meses de
edad.
En primer lugar, estudiaron la capacidad de éstos para reconocer cambios
numéricos básicos. Lo hicieron sacando partido al interés natural de los bebés
por las cosas que cambian. Ese interés se expresa en la mirada.
En una segunda fase se reunieron a los mismos niños pero ya con tres años y medio de edad.
En primer lugar,
participaron en un juego de comparación numérica no simbólica. Se les
presentaron dos grupos diferentes y se les pidió que eligieran cual de ellos
tenían más puntos sin contarlos. Además, los niños realizaron un test
matemático estandarizado para alumnos de prescolar y, por último, fueron
sometidos a una tarea verbal simple que consistía en identificar el número
mayor que cada niño podía comprender.
Los resultados de estas
pruebas demostraron que “aquellos niños que mostraron una mayor preferencia
hacia la pantalla numéricamente cambiante a los seis meses, tenían un sentido
numérico primitivo mejor tres años más tarde
Podríamos destacar también un estudio que se realizó en 2006 por la Universidad Harvard en colaboración con el College de France sobre las capacidades geométricas.
Los científicos
realizaron en aquella ocasión una serie de tests comparativos a niños y adultos
de la tribu amazónica Mundurukú, que desde la llegada de los conquistadores
europeos lograron mantenerse sin contacto con nuestra civilización durante más
de cuatro siglos. El conocimiento ancestral de la geometría demostrado por
estos individuos señaló, según los investigadores, que en nuestra especie
existen intuiciones geométricas que son independientes de un aprendizaje
previo, de una experiencia anterior con mapas o símbolos gráficos, e incluso de
un lenguaje de términos geométricos.
Fuente: www.tendencias21.com
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